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Wangari Maathai: la lucha interminable de la mujer árbol

En la semana de la COP27, recordamos a la mujer que consiguió reforestar Kenia con más de 51 millones de árboles

Wangari
Raquel Murillo Hernando
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Yolanda Trullos Perez de Arrilucea, politóloga especializada en política internacional

Debido a las medidas insuficientes de los altos cargos y líderes mundiales para hacer frente a la crisis climática, los diferentes colectivos que conforman la sociedad civil han intentado ponerle remedio durante décadas. Wangari Maathai, la ya fallecida feminista keniata, política y activista por la tierra y los Derechos Humanos, es un ejemplo de ello. 

 

    La COP27 pretende trabajar por las personas y el planeta

Durante esta última semana, la problemática medioambiental  ha estado muy presente en los diferentes medios de comunicación del Estado español debido a la COP 27, también conocida como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Esta conferencia reúne anualmente, entre otra mucha gente como miembros de la sociedad civil o activistas ecologistas, a los y las líderes mundiales con el objetivo de establecer de manera consensuada compromisos para poder abordar la crisis climática y darle una solución. La COP 27, celebrada del 6 al 18 de noviembre en Sharm El-Sheik, Egipto, tiene como propósito, tal y como remarca Naciones Unidas, “trabajar por las personas y el planeta” , así como reforzar la solidaridad entre países para cumplir los propósitos del Acuerdo de París, el cual establece que la subida de la temperatura media de la tierra no puede superar los 2 grados (y preferiblemente el 1,5). 

 

    Un lavado de imagen para los gobiernos de las potencias mundiales

En numerosas ocasiones, estas cumbres no son más que un lavado de imagen para ciertos gobiernos. Se establecen compromisos que no se cumplen. Hace apenas unos días, el informe del Global Carbon Project informó que lejos de reducir las emisiones de CO2, para finales de 2022 se prevé una subida del 1% de las mismas respecto al pasado año. La evaluación realizada por Naciones Unidas respecto a la aplicación de medidas del Acuerdo de París por parte de los diferentes países establece que son insuficientes, y con ello, a este ritmo de emisiones dentro de 9 años se superará el umbral límite de 1,5 grados centígrados. 

 

Debido a la necesidad urgente de dar respuesta al mayor reto que se enfrenta la humanidad a largo plazo, la sociedad civil ha hecho acto de presencia mediante diferentes iniciativas. Las últimas acciones, las cuales han acaparado mucha cobertura mediática, son los actos de desobediencia civil que se han dado a mano de activistas ecologistas en diferentes museos. Sin embargo, tal y como se ha mencionado previamente, la lucha ecologista tiene décadas de historia, y Wangari Maathai, es ejemplo de ello. 
 

    Wangari Maathai: una vida ligada a la tierra

Tal y como narra en su obra autobiográfica denominada “Con la cabeza bien alta”, Wangari Maathai nació en 1940 en Ihite, aldea situada en las tierras altas del centro de Kenia, por aquel entonces colonia británica. Su familia, de la comunidad kikuyu, era agricultora. Como la mayoría de las niñas africanas, Wangari creció viendo a su madre trabajar y cultivar la tierra, y fue ella quien le instruyó por primera vez sobre el cuidado y la importancia de la misma. A medida que se hizo mayor, empezó a trabajar en el cultivo y eso le ayudó a conocer más la naturaleza y a formar un vínculo con ella. A lo largo de esta década, el gobierno colonial introdujo la industria de la construcción y la madera. Para masificar la producción, plantaron árboles foráneos los cuales provocaron la aniquilación de la biodiversidad y la destrucción del ecosistema preexistente que ayudaban a la retención del agua de la lluvia. Los niveles de agua subterránea disminuyeron y los ríos se secaron. 

 

    Primera mujer en África Oriental y Central en conseguir un doctorado

Wangari fue una mujer con muchos estudios. Gracias a la insistencia y el apoyo de su madre, pudo ir a la escuela (hecho inusual para las mujeres africanas en aquella época). Tras sacar unas calificaciones excelentes en el instituto, donde aprendió más sobre química y biología, fue becada en 1960 por la Universidad Mount St. Scholastika de Atchison, Kansas, EEUU. Vivir la lucha estadounidense por los Derechos Humanos le marcaría para siempre. El mismo año de la independencia de Kenia en 1963, realizó un Máster de Biología en Pensilvania y además de adquirir conocimientos sobre la biodiversidad, aprendió sobre las limitaciones a las que las mujeres, y sobre todo las mujeres negras, debían hacer frente. En 1965 consiguió un puesto como profesora de zoología en la Universidad de Nairobi y seis años después, tras una estancia de 16 meses en Alemania, finalizó sus estudios, convirtiéndose en la primera mujer de África Oriental y Central en recibir un doctorado. 

 

A lo largo de su vida académica fue víctima de un arraigado machismo. En sus clases, sus alumnos no se creían que una mujer pudiera tener un máster. Además de ello, al tratarse de una mujer negra con estudios, muchos hombres la consideraban una “mala mujer” o “una mujer blanca con piel negra”. Su propio marido acabó divorciándose de ella por estos mismos motivos. Debido a esta discriminación, su conciencia sobre la desigualdad que sufren las mujeres fue haciéndose cada vez mayor, conciencia que marcaría su activismo político a posteriori. 

 

A pesar de ser una mujer con estudios, Maathai nunca abandonó sus raíces ni su vínculo con la tierra. Debido a la degradación medioambiental que empezó a sufrir Kenia fruto de la deforestación, la agricultura insostenible y la mala gestión de los recursos por parte de los dirigentes, la desnutrición infantil empezó a incrementar. Conscientes de esta situación crítica, distintos grupos de madres recurrieron a ella. En este momento nació la idea de la plantación de árboles como solución y Maathai decidió crear el Movimiento Cinturón Verde en 1977 (MCV) bajo el amparo del Consejo Nacional de Mujeres de Kenia (NCWK), el cual presidió durante 7 años.


 

    El Movimiento Cinturón Verde: una persona un árbol 

 

Este proyecto liderado por mujeres keniatas tiene desde sus orígenes como objetivo principal la lucha contra la desertificación y la erosión del suelo así como conservar los suelos y el agua de las comunidades rurales. Además de ello, pretende sensibilizar a las diferentes comunidades respecto a la degradación ambiental, la mala gestión de los recursos y sus consecuencias para la economía y la política del continente africano mediante diferentes seminarios. Desde sus orígenes se han creado miles de viveros donde las mujeres africanas crían las semillas para después plantar árboles. El objetivo inicial era plantar un árbol por persona habitante en Kenia (15 millones por aquel entonces). A día de hoy se han plantado 51 millones en este país. Este proyecto no ha servido exclusivamente para paliar la degradación medioambiental del país, sino que ha dado trabajo a miles de mujeres de zonas rurales, ayudando así a su emancipación y a fomentar la igualdad de género. Además de ello, la plantación de árboles ha ayudado al acercamiento de comunidades históricamente enfrentadas. 

 

La lucha del MCV no se ha limitado a Kenia, ya que a partir de 1986, con la creación de la Red Pan-Africana del Cinturón Verde, el movimiento se expandió por diferentes países de África como Etiopía, Tanzania, Uganda, Ruanda o Mozambique.

 

    ¿Por qué son los árboles tan importantes a la hora de luchar contra la degradación del ecosistema?

 

La activista keniata remarca en su autobiografía que los árboles ayudan a evitar la erosión y los desprendimientos de la tierra ya que las raíces de los árboles ayudan, en sus propias palabras, a “mantener el suelo unido”. Además de ello, remarca que los árboles “ayudan a curar la tierra e infundir vitalidad y energía”.  

 

La comunidad científica occidental está de acuerdo con esto. Tal y como subrayan Tiina Vahanen, directora adjunta de la División Forestal de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Amy Duchelle, oficial forestal de la misma entidad en una entrevista concedida a El País, los árboles y los bosques son “herramientaspoderosas para la mitigación del cambio climático ya que su capacidad de almacenamiento de CO2 es enorme. Por otro lado, son fundamentales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, para garantizar el suministro de agua, regular las precipitaciones, estabilizar los climas además de otorgar alimentos y madera a la población. A su vez, subrayan las miembros de la FAO, si se invirtiera en la preservación de los bosques, las comunidades indígenas y locales serían reconocidas como agentes de cambio y su labor sería por fin visibilizada. 

 

    Maathai no se limitó a la lucha ambiental 

A pesar de ser reconocida por su papel como activista medioambiental, Maathai ha sido mucho más que eso. Fue una fiel defensora de los Derechos Humanos, de las mujeres y de la democracia. Con la llegada del régimen dictatorial del Presidente Moi en 1982, Maathai y el MCV llevaron a cabo numerosas actividades, entre ellas acciones de desobediencia civil como sentadas, huelgas de hambre o la plantación de árboles en tierras privatizadas. Además de ello, realizaron campañas a favor de la democracia, del retorno de un sistema multipartidista o de la liberación de presos políticos. 

 

Su interminable lucha y su condición de mujer hicieron que fuera encarcelada en numerosas ocasiones por cargos como el de sedición o traición. Los altos dirigentes intentaron obstruir su labor. Fue humillada e insultada públicamente por parte de gobernantes en numerosas ocasiones: la acusaron de ser una mala mujer, una mala influencia para las mujeres keniatas y hasta una supremacista kikuyu. Con la escalada de represión de 1993,  un gobernador la llegó a amenazar con practicarle la ablación, la atacaron con látigos y garrotes, la amenazaron de muerte y hasta se tuvo que esconder.

 

A pesar de todas esas adversidades e injusticias a nivel estatal, la comunidad internacional valoró su trabajo. Fue elegida portavoz de las ONGs internacionales en la Cumbre de la Tierra (UNCED) de 1992 y distinguida a lo largo de los años con numerosos premios, como el Premio Mujer del Año (1983), Premio Mujeres del Mundo de la Women's Aid (1989), Premio Goldman de Medio Ambiente (1991) o la mayor distinción a nivel global: el Premio Nobel de la Paz (2004). 

 

Con la caída del régimen dictatorial y la instauración de un sistema multipartidista real, Maathai logró un escaño parlamentario con la victoria de la Coalición Nacional del Arco Iris (NARC), agrupación política formada por las diferentes fuerzas de la oposición. A las pocas semanas la nombraron viceministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales, comenzando así su lucha medioambiental, por los DDHH y por la democracia desde la institucionalidad formal, pero sin nunca dejar atrás el MCV ni sus raíces. Wangari, comparándose con los árboles, agradecía así sus logros:

 

“Un árbol hunde sus raíces en la tierra pero se alza hasta el cielo, demostrandonos que debemos mantener los pies en el suelo, pues por alto que nos propongamos llegar, la fuerza procederá siempre de nuestras raíces”. 

Wangari Maathai

 

Mientras que las grandes figuras de la política prometen pero no cumplen, la sociedad civil se mueve y actúa.

En un momento en el que la crisis climática es más evidente que nunca; temperaturas extremas, veranos inacabables, inundaciones insólitas o bosques calcinados, una acción conjunta e inmediata es más que necesaria. Wangari con pocos recursos consiguió movilizar a mujeres agricultoras y llevar a cabo un proyecto que traspasó fronteras y que fue de gran ayuda para Kenia y para el continente africano en su conjunto.  En estos sistemas políticos donde la estrategia política institucional mayoritaria es la que se centra en el corto plazo y en los cuatro años de mandato, la problemática climática nunca resulta ser prioritaria. Sin embargo, tal y como subrayaba Maathai, la gravedad de esta crisis hace que la acción deba ser inmediata: “Debemos actuar. Si de verdad estamos dispuestos a cargar con nuestra responsabilidad, pasemos a la acción. No podemos cansarnos ni rendirnos. Hagámoslo por nosotros y por las generaciones venideras: ¡pongámonos a andar!”

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