
Raphael Amorim Ramos, Brasil
Eva Mora Gálvez, politóloga especializada en política internacional
Yolanda Trullos Perez de Arrilucea, politóloga especializada en política internacional
Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado por tercera vez las elecciones más polarizadas de la historia contemporánea de Brasil, con apenas un punto de diferencia con el líder de ultraderecha, Jair Bolsonaro (50,90% vs 49,10%). Tras el golpe de Estado constitucional de 2016, planeado para evitar su candidatura, y tras su condena de cárcel en 2018 por corrupción (finalmente revocada tras 580 días preso), Lula ha vuelto a la presidencia: “¡Han intentado enterrarme vivo, y aquí estoy!”, clamaba tras salir vencedor. Con su victoria, la izquierda se refuerza en América Latina.
Los sondeos apuntaban a una victoria de la izquierda, aunque bien es cierto que con un márgen muy estrecho. Comparándolo con la primera vuelta, la distancia entre ambos líderes se ha reducido de 5,23 puntos a 1,9. Los 26 estados y el Distrito Federal de Brasilia han mantenido su voto, excepto Amapá, donde de vencer Lula en la primera vuelta, ha pasado a ganar Bolsonaro. La costumbre se ha mantenido en estas elecciones: los estados del norte y nordeste de Brasil, con gran presencia indígena y altamente empobrecidos, han votado al Partido dos Trabalhadores (PT), mientras que en el sur del país, donde se encuentran las grandes ciudades como Distrito Federal de Brasília, Río de Janeiro o São Paulo, la ultraderecha ha salido vencedora.
La polarización, la violencia y las noticias falsas (fake-news) han estado presentes a lo largo del día electoral y los días previos: comentarios xenófobos entre regiones, tensión en los colegios electorales, un perseguimiento a punta de pistola a manos de una diputada bolsonarista en contra de un periodista negro simpatizante de Lula, denuncias de retenciones en las carreteras por parte de la Policía en el nordeste (pro-Lula), etc. A su vez, Raphael Amorim Ramos, estudiante de Geografía en la Universidad Federal de Río de Janeiro, considera que se han estado difundiendo noticias falsas por ambas partes (pero más intensamente a manos de la ultraderecha) en las redes sociales con el objetivo de difamar al candidato contrario.
Una nueva tendencia: el resurgimiento de la izquierda en América Latina
A la hora de entender el porqué de estos resultados se deben tener en cuenta varios factores fundamentales. A nivel regional ha habido un resurgimiento de las fuerzas de izquierdas en el conjunto de los países que conforman América Latina. Actualmente, ocupan la presidencia Alberto Fernández en Argentina, Luis Arce en Bolivia, Pedro Castillo en Perú, Xiomara Castro en Honduras, Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile. La presencia de la izquierda en América Latina comenzó con la denominada “nueva ola política”, cuyo origen es Hugo Chávez. Desde que asumió la presidencia de Venezuela en 1999, han ido surgiendo en la región, tal y como los denomina el abogado y profesor Pedro Serrano, “gobiernos de resistencia”, siendo el denominador común la oposición al consenso político que ha dominado los últimos veinticinco años: el neoliberalismo.
Se pueden subrayar tres elementos fundamentales a la hora de entender esta “nueva ola de izquierdas”.
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Tal y como subraya la doctora, socióloga e investigadora integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Lía Pinheiro Barbosa, el desmantelamiento de las políticas sociales, la reducción de la inversión pública en las políticas de redistribución de la renta, así como las reformas políticas de carácter ultraneoliberal, han provocado la profundización de la pobreza y de la extrema pobreza a lo largo de la región, lo cual constituye el primer elemento para entender esta ola. A su vez, el alza del precio de los servicios básicos, de la cesta de la compra, del gas y del transporte provocaron una reacción popular en países como Ecuador, Colombia, Chile y en menor medida Brasil, según Pinheiro.
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En segundo lugar, el temor a la instauración de gobiernos fascistas ha sido un factor determinante a la hora de entender el alza de la izquierda en América Latina, declara la integrante del comité directivo del CLACSO. En el caso de Brasil, los discursos misóginos, LGBTIQA+ fóbicos, racistas, xenófobos y machistas-patriarcales de Bolsonaro han estado presentes, tal y como se mencionará más adelante, a lo largo de toda su legislatura. Sin embargo, no es un fenómeno exclusivo de Brasil, ya que la extrema derecha de otros países de la región han aludido a posturas fascistas y racistas dirigidas a poblaciones periféricas, indígenas, campesinas…
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En tercer lugar, remarca Pinheiro, el auge de la izquierda responde a la búsqueda de un espacio dirigido a lograr un diálogo democrático (inexistente en un contexto ultraderechista) por parte de sectores y movimientos populares y de la sociedad civil, fruto de la crisis democrática de la segunda década del siglo XXI.
La polarización: un factor determinante en Brasil
En el marco nacional, se debe mencionar un factor primordial que afecta la política del país: la polarización socioeconómica. Aunque la economía brasileña ocupa la decimotercera posición en el mundo por volumen de PIB, su puesto según el PIB per cápita desciende al puesto 88 de 196. Esto quiere decir que el nivel de vida es bastante bajo comparado con el resto de la clasificación. Según los datos más actualizados del Banco Mundial (BM), el índice de Gini (índice que mide la desigualdad en la distribución de la renta) del país en 2020 era del 48.9%. Teniendo en cuenta que Naciones Unidas subraya que un valor superior al 40% es alarmante, podemos decir que Brasil se encuentra en una situación de desigualdad económica grave, la cual supone un caldo de cultivo para un estado de polarización. Esta desigualdad se puede observar de manera significativa en la distribución espacial, ya que en las regiones norte y nordeste, los ingresos medios son significativamente inferiores al resto del país, ya que la producción se concentra en los estados del sur y sudeste.
Raphael Amorim Ramos desde Brasil
La potencia económica de Brasil vs sus bolsas de pobreza extrema
Brasil es un país de contrastes: es una clara potencia económica, pero tiene unas bolsas de pobreza enormes. Es muy moderno en términos de industria, aunque tiene muchos retrasos en el norte del país. En otras palabras, la polarización socioeconómica ha sido una realidad constante en Brasil, la cual ha determinado la política del país. En 2002 Lula ganó las elecciones, marcando la política brasileña, ya que se convirtió en un eje de división política. Lula puso en práctica políticas sociales(“Hambre Cero”) y la Ley de Reforma Agraria como sus dos grandes ejes. Su propuesta de democracia participativa, a través de la figura de los consejos ciudadanos, supuso un rearme de los movimientos sociales, rompiendo con los esquemas tradicionales de participación en el proceso de toma de decisiones. Durante sus gobiernos, se redujo la pobreza extrema y Brasil se convirtió en un país promotor de políticas sociales. Sin embargo, estalló el caso de corrupción del Mensalão, dinero pagado a políticos a cambio de apoyos electorales. Dicho escándalo no afectó la confianza del electorado en Lula, ganando las elecciones presidenciales de 2006, pero se convirtió en la excusa perfecta para derrocar unos años después a la presidenta Dilma Rousseff, acusándola de corrupción.
La polarización social conlleva la polarización del sistema político
Tras las elecciones de 2014, ya se mostraba la diferencia electoral en los estados del norte o del sur con un fuerte apoyo del nordeste a la candidatura de la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. La candidata del PT consiguió entre un 70% y un 80% en estados como Marañón o Piauí, a diferencia del sur en el que las regiones mejor situadas económicamente como Paraná y Santa Catalina favorecieron al candidato del Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB), Aesio Neves, tal y como indica el profesor e investigador Ariel Goldstein, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Desde las elecciones de 2014 la polarización social y geográfica entre los estados pobres del Nordeste y los estados ricos como São Paulo se convirtió en una constante política, la cual se incrementó tras el golpe de Estado constitucional. No podemos entender la importancia de estas elecciones sin contextualizarlas en el falso impeachment o proceso de destitución llevado a cabo en 2016, en un principio contra Dilma Rousseff, pero en realidad contra el PT y Lula Da Silva. El golpe de Estado contra Dilma Rousseff, mediante la corrupción de mecanismos de control presidencial como el impeachment, tenía como principal objetivo eliminar a Lula de la candidatura presidencial de 2018. Fue un derrocamiento dirigido por la oposición de la oligarquía brasileña a las políticas sociales y laborales que el nuevo presidente implementó bajo el resguardo del PT. El Partido dos Trabalhadores, al igual que el resto de partidos de la Cámara de Diputados de Brasil, estaban imputados en casos de corrupción. Dilma Rousseff no, por lo que el impeachment acabó siendo un juicio político. El golpe de Estado terminó con el triunfo de Jair Bolsonaro en 2018, inhabilitando previamente a Lula como candidato presidencial.
“El país está todavía más polarizado que en las elecciones de 2018”
- Socióloga, doctora e investigadora del CLACSO Lía Pinheiro Barbosa
La polarización ideológica en Brasil ha ido creciendo. Sobre esta afirmación la socióloga e investigadora del Comité Directivo de CLACSO, Lía Pinheiro Barbosa, argumenta que, aunque el golpe político de 2016 contra Dilma Rousseff fue un momento de división ideológica, el proceso de polarización política se intensificó en 2018, durante el proceso electoral. Según la integrante del Comité Directivo del CLACSO, la polarización se mostraba en las redes sociales y en los grupos de Whatsapp familiares. En estas elecciones, se han podido observar por un lado banderas de Brasil (apropiadas por la derecha brasileña) colgadas en los balcones, y por otro lado, banderas del PT y/o banderas con fotos de Lula. En 2022 son más visibles los símbolos partidarios de ambos candidatos y en los grupos familiares de Whatsapp está todavía más acentuada la división, provocando tensiones concretas en estos espacios, indica Pinheiro. En definitiva, el país está todavía más polarizado que en las elecciones de 2018, mostrando que es una tendencia en aumento.
La presidencia de Bolsonaro: negacionismo, privatizaciones, y pérdida de derechos.
La trayectoria presidencial de Bolsonaro se ha visto marcada por una nefasta gestión del COVID-19, privatizaciones, injusticias contra los indígenas del Amazonas, etc. La gestión de la pandemia de Bolsonaro, uno de los máximos representantes del discurso negacionista, ha convertido a Brasil en uno de los países con una mayor tasa de defunción por el virus (o “gripezinha” como la denomina él), con casi 700.000 muertes según la última actualización de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Debido a la crisis pandémica (y a su nefasta gestión), la economía se vió fuertemente perjudicada, provocando un estado de recesión (-3.9) en el año 2020, si bien es cierto que estos últimos meses se ha dado una recuperación paulatina.
En lo que concierne a las privatizaciones, los mayores proyectos dirigidos a la privatización de empresas públicas brasileñas se dirigen a Eletrobras y Petrobras. En junio de 2022, Jair Bolsonaro privatizó Eletrobras, el holding o grupo financiero de energía eléctrica del país, tras dos años desde que se presentara el proyecto de ley para dejar en manos privadas una de las mayores empresas públicas del país. El 28 de octubre, a solo dos días de la segunda vuelta electoral, Eletrobras anunció un plan de despidos que afectaban a 2.312 trabajadores. En agosto de 2022, en una entrevista para la emisora “Jovem Pan”, Bolsonaro anunció que en caso de ser reelegido llevaría a cabo la privatización de “Petrobras”, una de las empresas con mayor relevancia en el mercado mundial de hidrocarburos prevista en el proyecto de ley de 2019. Las privatizaciones no solo implicarían despidos masivos de los trabajadores para aumentar el beneficio de las empresas, sino también la pérdida de elementos de integración regional en América Latina.
Por otro lado, a causa de la deforestación incontrolada y el incremento de asesinatos de líderes indígenas, el Amazonas y los derechos de los que lo habitan, se han visto gravemente dañados, provocando movilizaciones masivas y una demanda ante la Haya.
Los derechos de las mujeres brasileñas también se han visto perjudicados por la legislatura del presidente de ultraderecha. Además de nombrar a una pastora evangélica como Ministra del Ministerio de las Mujeres, Familia y Derechos Humanos, el presupuesto de este ministerio ha sufrido una reducción enorme. En el Portal de transparencia de la página web del Ministerio, se puede observar que, desde el comienzo de la legislatura de Bolsonaro en 2018 hasta la actualidad, en ningún año se ha superado el 50% del gasto total previsto para el Ministerio. El gasto del Ministerio de la Mujer de Brasil en la legislatura de Bolsonaro ha sido anualmente el 0,01% del gasto público anual del país, es decir, una cifra ínfima.
Los servicios dirigidos se han visto a su vez perjudicados. Ejemplo de ello son los centros de acogida del programa Casha Mulher Brasileira, centros creados en 2015 durante la legislatura de Dilma Roussef y dirigidos a mujeres víctimas de violencia machista, los cuales pasaron de recibir una media de 21 millones de reales (cuatro millones de euros), a solo un millón (200.000 euros) con Bolsonaro. Por otro lado, además de prohibir la educación sexual (considerada por el presidente “ideología de género”), vetó el proyecto impulsado por la Cámara para la distribución gratuita de productos menstruales a mujeres en situación vulnerable el pasado año. Debido a la movilización de las mujeres y diversos colectivos feministas, Bolsonaro aprobó un decreto a principios del presente año.
La tendencia populista de los líderes políticos brasileños: una lógica política de la izquierda y de la derecha
Durante la actual campaña y en los presentes comicios se ha podido observar que los focos de polarización social están representados en Lula y Bolsonaro de manera electoral, ambos líderes populistas. Es fundamental hacer hincapié en este factor, ya que supone una característica principal en la política brasileña y del conjunto de la región latinoamericana (frecuentemente denominada “paraíso populista”). Además, es un ejemplo claro de la polarización que caracteriza al país. Aunque pueda definirse de diferentes maneras (ideología, estrategia, discurso…), Laclau, máximo referente del estudio del populismo en América Latina, entiende el populismo como la lógica política que se crea cuando un líder populista realiza una serie de demandas en el nombre del pueblo, y en contra de la élite. Ya que se trata de una ideología “delgada” (o que carece de ideas precisas), el populismo puede ser de izquierdas o de derechas, tal y como sucede en el caso brasileño. Sin embargo, en los discursos de ambos líderes carismáticos (siendo los mismos a su vez, elementos fundamentales del populismo), se han podido escuchar los siguientes conceptos que caracterizan a esta lógica política: “pueblo”, “eje arriba-abajo” “ellos-nosotros”, “casta”…
Durante sus diversas apariciones públicas a lo largo de su trayectoria política, Bolsonaro ha hecho referencia al “pueblo” y a la “patria”, desde la universalidad: “Somos la mayoría, somos los buenos, somos libres para luchar por nuestra patria”; “Supremo es el pueblo” . Tal y como se ha subrayado previamente, una de las comprensiones que se le da al populismo es la de ideología delgada que se nutre de ideologías más fuertes (fascismo, socialismo…). El populismo de Bolsonaro, se nutre del ultraderechismo. Ejemplo de ello son su xenofobia y su rechazo a la ciencia moderna. Defensor del muro de Trump, llegó a alegar en la cadena FOX News en el 2019 que “la gran mayoría de los potenciales inmigrantes no tienen buenas intenciones”, tal y como publicó el Huffington Post. La doctoranda en Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil), Gabriela Ribeiro Cardoso, informó a Estrategia de Pandora que, después del resultado electoral en la primera vuelta, la población del nordeste fue atacada con comentarios xenófobos en las redes sociales. Bolsonaro se sumó a estos comentarios, atribuyendo el resultado electoral al analfabetismo en la región. En lo que se refiere al rechazo de la ciencia moderna, tal y como se ha mencionado previamente, Bolsonaro ha sido uno de los principales representantes del discurso negacionista a lo largo de toda la crisis de la COVID-19, y su gestión ha sido considerada una de las peores.
Bolsonaro y su discurso misógino y anti el colectivo LGTBIQA+
Tal y como es común en muchos líderes populistas, Bolsonaro ha pretendido cumplir el rol de “caudillo masculino salvador” u “hombre fuerte de acción” a lo largo de su presidencia, haciendo uso en numerosas apariciones públicas de un lenguaje burdo, machista y LGTBIQA+fobo: “Hay que dejar de ser un país de maricas ”, “los gais son fruto de las drogas, solo una minoría lo es por defecto de fábrica”, “los homosexuales quieren hacerse pasar por víctimas, quieren superpoderes” declaró en El País. En 2014, a su vez, comentaba “en mi caso en concreto, por mi historial de atleta, si fuese contaminado por el virus no tendría que preocuparme, no sentiría nada, como mucho una gripezinha o un resfriadito” . En el discurso posterior al desfile de conmemoración de los 200 años de independencia de Brasil el pasado septiembre, el ex presidente coreaba “imbrochável”, haciendo referencia a su presunta potencia sexual, todo ello ante la presencia de su mujer. El último escándalo data de hace apenas dos semanas, cuando el líder ultraderechista realizó unas nefastas declaraciones sobre el físico de unas menores de edad venezolanas.
La doctora, socióloga e investigadora integrante del Comité Directivo de CLACSO, Lía Pinheiro Barbosa, explica que el discurso populista ha continuado siendo parte de la lógica política de la derecha en estas elecciones. Bolsonaro se ha centrado en la defensa de la patria, la familia y la religión. Incluso entre los electores de Bolsonaro, señala Pinheiro, hay un discurso que subraya que con la victoria del PT, se instaurará una "dictadura gayzista y abortista" difundida por los medios de comunicación. Pinheiro declara que, en resumidas cuentas, el populismo de derechas brasileño, se fundamenta en la defensa moral-religiosa, anticomunista, antifeminista y de alabanza de la patria.
Los objetivos primordiales de Lula: El retorno de la democracia y el fín de la pobreza
En lo que se refiere al candidato de izquierdas, en previas campañas electorales así como en la actual, Lula constantemente ha hecho referencias al pueblo, mostrando una demanda clara: “El pueblo latinoamericano no quiere más fascistas dirigiendo nuestro continente, el pueblo quiere democracia”, “será el pueblo el que va a sacar a Bolsonaro de la presidencia”, “somos un único país, un único pueblo, una gran nación”, según EFE. Tal y como es característico en los populismos de izquierdas, los cuales tienden a nutrirse de ideologías fuertes como el socialismo, Lula pone énfasis en las diferencias socioeconómicas del pueblo y la élite. Ejemplo de ello son las previamente mencionadas políticas sociales puestas en marcha bajo sus legislaturas anteriores y el compromiso de acabar con la pobreza y la extrema pobreza, una de las prioridades fundamentales de la nueva legislatura.
Acorde a la voluntad de lograr la integración y representación de las minorías (característica del populismo de izquierdas), tal y como publicó ElDiario.es el pasado 22 de octubre, Lula, al contrario que su oponente, aseguró la inclusión de más mujeres, indígenas y negros en su Gobierno. Estas fueron sus palabras en la rueda de prensa realizada en la capital del estado de Minas Gerais: “Vamos a tener más mujeres, negros e indígenas en el Gobierno, porque mi Gobierno tiene que tener la cara de la sociedad brasileña, la cara de Brasil”.
Como nuevo presidente de ese “pueblo” al que tanto hace referencia, Lula comienza una nueva etapa encabezando el gobierno de Brasil. El retorno de la democracia (entendida en en el sentido amplio de la palabra) y acabar con la pobreza y extrema pobreza serán los pilares fundamentales de la nueva legislatura. Además de ello, tal y como lo remarcó en la noche electoral, el fin de la violencia machista y de la desigualdad salarial, acabar con el racismo y proteger el Amazonas serán objetivos fundamentales para el nuevo Gobierno: “Un árbol de pie vale más que una tonelada de madera extraída ilegalmente”.
Lidiar con el poder legislativo (con mayoría bolsonarista y conservadora) y con la polarización que caracteriza al país van a ser retos muy complicados a los que se tenga que enfrentar el nuevo presidente electo al aplicar políticas sociales. Todo apunta a que esta polarización se puede acentuar si Bolsonaro no acepta el resultado de las elecciones, y tampoco se debe olvidar que, aunque la izquierda haya ganado, el bolsonarismo sigue muy presente. Al conseguir la victoria electoral con menos de dos puntos de diferencia, Lula se va a encontrar un país totalmente dividido entre la izquierda y la extrema derecha, con las dificultades para gobernar que esto implica. Consciente de esta situación, Lula tiene los objetivos claros. Tal y como afirmó en su discurso la pasada noche, el nuevo presidente electo pretende unir al pueblo: “No somos dos Brasiles: somos un único país, un único pueblo, una gran nación“.




