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PROTESTAS EN CHINA: ¿Estamos ante un proceso de cambio?

El gigante asiático está viviendo numerosas protestas en contra de las políticas de contención de la Covid-19

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Raquel Murillo Hernando
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Marina Rubio Alonso, politóloga especializada en política internacional

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Yolanda Trullos Perez de Arrilucea, politóloga especializada en política internacional

Mientras el resto de países han vuelto prácticamente a la normalidad, China continúa imponiendo restricciones. Las protestas siempre son un indicador de adentrarse en un proceso democratizador, pero esto no significa que el sistema político chino vaya a experimentar un cambio sustancial.

 

    Detonante de las protestas: el incendio en la ciudad de Urumqi

Ciudades como Pekín, Cantón, Shenzhen o Chongqing han visto como cientos de personas se manifestaban en contra de las restricciones. Pero, ¿por qué se están produciendo estas protestas? y sobre todo, ¿por qué ahora? Las restricciones frente a la Covid-19 han sido aceptadas por la población desde el principio; China es uno de los países donde menos manifestaciones anti COVID-19 se han producido, es fácil recordar cuando en otros países, como Alemania o Francia, se producían protestas multitudinarias en contra de las restricciones y de la gestión de la pandemia, en China no se han visto reivindicaciones como aquellas.

 

En las últimas semanas se han producido algunos acontecimientos que han terminado con la paciencia de parte de la población más escéptica. En un edificio de la ciudad de Urumqi, al noroeste del país, sujeto a restricciones de confinamiento, se produjo un incendio que acabó con la vida de 10 personas que se encontraban en el interior, todo indica que si no fuese por las restricciones hubiera sido posible desalojar el edificio y no se hubiese producido la tragedia. 

 

    Pese a la falta de organización, las protestas están teniendo una repercusión muy relevante

 

Lo más sorprendente de estás protestas es que no solo reivindican una relajación de las restricciones, sino que en ciertos casos se ha criticado abiertamente al gobierno y al presidente, Xi Jinping. Las reivindicaciones se han producido en 17 ciudades del país, según datos de la CNN. Sin embargo, hay que destacar que son protestas pequeñas, de unos cientos de personas, que no se están produciendo en todas las capitales de provincia, que carecen de estructura organizativa y de liderazgos significativos.  Pese a que las protestas no están siendo multitudinarias, su repercusión está siendo muy grande, pues el gobierno se ha mostrado abierto a comenzar un proceso de eliminación gradual de las medidas para contener la Covid-19. Aquí nos encontramos ante dos posibilidades, ¿las protestas han provocado realmente el cambio de actitud del gobierno frente a la pandemia? ¿o la relajación de medidas ya estaba prevista y las manifestaciones sólo han sido el detonante final?

 

Sean estas protestas el origen de la disipación de las medidas o sean en contra del régimen establecido, lo que está claro es que el hecho de que se produzcan es una muestra de desarrollo y democratización. A continuación, lo explicamos desde una perspectiva politológica.

 

    Entendiendo la protesta china desde una perspectiva politológica: Los ciclos de protesta

 

Sidney Tarrow, sociólogo y uno de los máximos referentes en el estudio de la acción colectiva y movimientos sociales, entiende las protestas de manera cíclica. Según el autor, para que una movilización sea considerada un ciclo de protesta, debe cumplir cuatro características: 

  1. La protesta debe darse en un momento histórico, además de una expansión tanto a nivel territorial como en los temas que se reivindican.

  2. Las acciones deben ser continuadas.

  3. Se deben dar novedades en la comprensión de la realidad.

  4. Se elogia la protesta y se convierte en algo valioso para la sociedad.

 

Teniendo en cuenta estas características, podríamos hablar de un ciclo de protesta en China. 

En relación a la primera, podemos situar las protestas en un momento histórico claro: la época Covid (ya que China no se encuentra en una situación post-pandémica como es el caso de los países occidentales). Estas protestas han sido continuadas, desde mediados de noviembre las acciones no han cesado. Además, tras la muerte de una decena de personas en un edificio confinado en la capital de la provincia de Xinjiang, las protestas han ido extendiéndose a muchas urbes principales del país. La expansión no ha sido meramente territorial ya que además de quejas contra la política de COVID 0, en algunas ciudades se han podido escuchar reivindicaciones en contra del Presidente chino, extendiéndose por ende los temas de reivindicación.

 

En lo que concierne a la tercera característica, la sociedad china ha empezado a ver la realidad (en este caso pandémica) de manera diferente. Tal y como explicaba la ex-corresponsal en China y profesora de Universidad, Georgina Higueras, el orgullo de algunos sectores de la sociedad china ante la gestión del Covid debido a sus pocas muertes ha acabado, ya que después de tres años de acatamiento estricto, y de aperturas y cierres constantes, el hartazgo es cada vez mayor y el miedo a repercusiones económicas, como el desempleo, empieza a prevalecer .

 

Respecto a la cuarta característica de los ciclos de protesta (el elogio a la protesta), es indudable que ésta es actualmente considerada un elemento valioso dentro de la sociedad china, ya que tal y como expone Xulio Ríos, asesor emérito del Observatorio de la Política China para El Diario Vasco, “quienes se quejan descubren ante todos que sus acciones llevan a significativas concesiones del Gobierno” (de las cuales hablaremos más adelante). Además de ello, al protestar, esta sociedad civil renovada “ha descubierto sus propias capacidades de alentar amplias movilizaciones y poder influir en unas autoridades donde prima la verticalidad sobre la horizontalidad”. 

 

Las restricciones para contener la Covid-19 actuales en China son: obligatoriedad de presentar una PCR negativa para poder entrar a establecimientos, al transporte público, a lugares de ocio; cuarentenas estrictas en lugares aislados para todos los posibles contactos de Covid; obligatoriedad de tener el código de colores para detectar el riesgo de contraer la enfermedad; cierres de barrios y ciudades; confinamientos masivos, etc.

 

Este tipo de medidas no se distancian mucho de las que vivimos en países europeos en 2020; sin embargo, en China, tres años después del estallido de la pandemia, todavía continúan vigentes. El hartazgo de la población es completamente lógico, sin embargo, los medios occidentales están presentando las protestas como una  unidad de toda la población en contra de las medidas y la realidad no puede estar más distanciada de eso. En China, al igual que en el resto de países, hay quienes quieren terminar lo antes posible con las restricciones, y quienes se consideran más prudentes y prefieren ir más despacio. 

 

    Países occidentales apoyan las protestas en China

Cabe destacar que el elogio a  las protestas ha traspasado fronteras. El Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, respaldó el derecho a protestar de la sociedad China el pasado 30 de noviembre.

 

Sin embargo, no se debe olvidar la tensión existente en las relaciones entre ambos gobiernos, la cual se ha incrementado tras la reprimenda del presidente chino a Trudeau en la Cumbre del G20 por hacer pública una reunión privada de ambos. Además, Trudeau parece solamente apoyar las protestas anti medidas COVID-19 cuando ocurren fuera de su país, pues criticó abiertamente las protestas que ocurrían en Canadá hace unos meses.

 

La Administración Biden por su parte, tal y como declaró el secretario de Estado Antony Blinken en una rueda de prensa en Bucarest, apoya el derecho a protestar y expresar los puntos de vista y frustraciones de manera pacífica. Sin embargo, la respuesta estadounidense se ha dado de manera cautelosa, ya que unas declaraciones más duras contra el régimen podrían provocar nuevas acusaciones de su homólogo chino. 

 

Tras la detención del periodista de la BBC Ed Lawrence por la policía mientras cubría las protestas anti COVID-19 en Shangai, el Primer Ministro británico Rishi Sunak declaró que China representa una amenaza sistémica para la seguridad económica británica así como para sus valores y sus intereses. Además de ello, criticó la gestión de las protestas: “En lugar de escuchar las protestas de su pueblo, el Gobierno chino ha optado por reprimirlas aún más” .

 

    Estas protestas no han sido las únicas en la historia reciente del gigante asiático 

 

Aunque ha sido a partir de noviembre cuando estas protestas se han masificado hasta convertirse en un ciclo de protesta,  si retrocedemos unos meses atrás, podemos encontrar diferentes manifestaciones o reivindicaciones contra la política del COVID 0. En abril del presente año, el aislamiento estricto de los positivos y sus contactos provocaron quejas y protestas en Shanghái.

Asimismo, por las mismas fechas se viralizó un video donde se mostraba la desesperación de los y las ciudadanas de esta urbe. En mayo, cientos de estudiantes de la Universidad de Pekín se manifestaron debido a la mayor libertad de movimiento del personal universitario. En octubre, trabajadores inmigrantes de la etnia china Han protestaron en Lhasa, capital del Tíbet, en contra del confinamiento de más de tres meses y el día 13 del mismo mes, un manifestante colgó dos pancartas oponiéndose públicamente a Xi Jinping y al confinamiento en el Puente Sitong, en Pekín.

 

Medios occidentales hablan de la inusualidad de ver protestas en China. ¿Quiere esto decir que no se han dado ciclos de protesta antes del Covid?  No, ya que si retrocedemos 33 años atrás podemos encontrar la denominada Primavera china de 1989, uno de los ciclos de protesta más significativos del gigante asiático desde 1976, año en el que murió Mao Zedong y dio comienzo la República Popular China de Deng Xiaoping. Tras la muerte de Hu Yaobang, ex secretario general del Partido Comunista Chino, y defensor del proceso de reforma económica pragmática de Xiaoping (reforma que se alejaba de los principios Maoístas) estudiantes chinos y chinas dieron comienzo a una serie de manifestaciones (posteriormente seguidas por la clase trabajadora) fruto de sus expectativas de mejora en el nivel de vida y de cambio político. Además de ello, se levantaron en contra de la corrupción del Gobierno, la inflación y el desempleo. Estas protestas terminaron con la conocida matanza de la plaza de Tiananmén, en Pekín, las cuales dejaron, según cifras oficiales chinas, 241 muertos. Otras fuentes como la CNN hablaron de hasta 10.000 muertes.

 

    Concesiones por parte del Gobierno chino

 

Tarrow señala que todo ciclo de protesta puede tener diferentes desenlaces: que se desarrolle y conlleve una transformación del sistema político por completo; que se radicalice; que se desintegre sin muchos resultados; o que su demanda sea reconocida institucionalmente. El movimiento estudiantil de 1989 acabó desintegrándose. 

 

Debido a que medidas como la censura o la represión han resultado insuficientes para desmovilizar a la sociedad civil, todo apunta a la  concesión progresiva de ciertas demandas y una posible revisión de la política anti COVID-19 esta semana, ya que tal y como apunta el asesor emérito del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, un cambio de estrategia podría ayudar a “amainar el descontento” y “desmovilizar las protestas”. 

 

Por ahora, estos últimos días se ha podido observar cierta relajación en las medidas de algunas grandes ciudades como Cantón, Shenzhen o Pekín, así como el levantamiento de algunos confinamientos en ciertas ciudades. Por otro lado, la capital china a partir de ahora dejará de exigir PCR negativas para entrar a supermercados u oficinas o para viajar en transporte público. De cara a esta semana, diferentes fuentes como la agencia británica de noticias Reuters, apuntan a que es posible que a lo largo de estos días la potencia asiática anuncie 10 nuevas medidas de relajación.

 

Teniendo en cuenta la rápida respuesta del gobierno, todo parece indicar que el proceso de cambio estaba ya planeado: en Cantón ya no es necesario mostrar PCR para entrar a establecimientos, y como última actualización, a partir de ahora los positivos leves o asintomáticos podrán hacer la cuarentena en sus hogares.

 

    ¿Cómo vemos a China desde occidente?

 

Es cierto que las restricciones en China se han prolongado mucho más que en otros países, pero resulta curioso como muchos medios que criticaban las protestas anti medidas COVID-19 en países occidentales, están casi alabando las protestas, también anti restricciones, en China. La doble moral a la hora de hablar del gigante asiático en los medios de comunicación occidentales no es una sorpresa, pero siempre es interesante mencionarlo. Ahora bien, cabe plantearse por qué China ha continuado con las medidas durante tanto tiempo. Hay que tener en cuenta que China es un país con una población muy grande, y no controlar de manera adecuada una enfermedad como el Covid-19 puede ser desastroso

 

Anteriormente hemos mencionado los datos de fallecidos por la pandemia, 5 mil según fuentes oficiales, y 30 mil según la OMS. Aun escogiendo solamente los datos de la OMS, si lo comparamos con los fallecidos en países con una población parecida, como India, nos encontramos con una diferencia abismal, donde hay mas de 525 mil o con España, donde hay más de 116 mil muertes por Covid. 

En definitiva, las políticas para hacer frente  a la Covid-19 en China han sido verdaderamente efectivas. ¿Está China preparada para normalizar la pandemia? ¿Está preparada para arriesgarse a tener cifras de muertes parecidas a las del resto de países?

Nos encontramos ante un proceso de cambio, pero todo indica a qué va a ser un cambio lento y prudente

 

    ¿Puede darse una reforma o un cambio político?

El sociólogo Sidney Tarrow menciona que no existe un solo derecho que no se haya logrado mediante la protesta (en muchos casos ilegal y violenta). Sin embargo, el autor menciona que para que haya una reforma real, no es suficiente con un movimiento civil reformista, también es necesaria una fuerza reformista a nivel institucional y una interacción entre ambos (el movimiento civil y la fuerza reformista institucional). Por ahora las recientes concesiones hacen entrever la posibilidad de una posible reforma en lo que a la política anti COVID-19 se refiere. 

 

Por otro lado, no se debe olvidar que el conflicto (integrando dentro de este a la protesta), tal y como menciona el sociólogo Lewis Coser, es una herramienta cohesionadora de la sociedad. Asimismo, además de establecer un balance de poder, es una forma de reforzar la identidad y crear un acercamiento entre los y las protestantes. Esto ha podido observarse en China, donde diferentes sectores de la sociedad, desde estudiantes universitarios a la clase trabajadora, se han unido en busca de una reforma.

 

Que se logre una reforma no significa que vaya a darse un cambio en el sistema político al completo.

El profesor emérito en Ciencias Políticas Leonardo Morlino subraya que para que se dé un cambio político, son fundamentales tres pilares: un discurso hegemónico que legitime el cambio, la existencia de una movilización a favor del cambio, y una grieta en la eficiencia del Estado, es decir que la sociedad deje de cumplir algunas de las normas establecidas.

 

En el caso de las protestas del COVID 0, podemos observar la aparición de un nuevo discurso en la sociedad china (el hartazgo), una movilización y el incumplimiento de ciertas normas. Esto podría llevar por ende, a un cambio o a una reforma política en lo que se refiere a la gestión pandémica. Sin embargo, esto no quiere decir que el sistema político chino vaya a cambiar por completo, ya que siguiendo estos criterios, aunque las reivindicaciones contra el Partido Comunista o contra el Presidente existan, no son hegemónicas. Además, la movilización actual no se ha creado para derrocar al sistema, si no para plantear una reforma y por ende todos los incumplimientos de las normas no están dirigidos a acabar con el régimen.

 

Por otro lado, en el 20º Congreso del Partido Comunista de China se pudo ver como Xi Jinping ha monopolizado y reforzado su poder, teniendo un margen de control sobre el partido que no se veía desde el periodo maoísta. Esto imposibilita una reforma sustancial del sistema político, que cada vez está más arraigado a la figura de Xi Jinping.

 

De esta forma, resulta muy difícil que se produzca un cambio político, como algunos medios occidentales parecen estar convencidos. Estamos ante un cambio de las medidas frente a la Covid-19, pero todo apunta a que no vamos a presenciar un cambio político relevante más allá de este ámbito. Lo que está claro es que aunque la política china vaya a continuar en su línea, las protestas son una muestra de un proceso democratizador, por lo que es fundamental valorar y considerar significativo lo que está sucediendo en el gigante asiático en estos momentos.

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