
Raquel Murillo Hernando
Eva Mora Gálvez, politóloga especializada en política internacional
Raquel Murillo Hernando, internacionalista especializada en cooperación y en política internacional
Wakanda Forever es la secuela de Black Panther, una de las películas más populares de los últimos años dentro del universo Marvel debido a una particularidad muy especial: la inclusión de héroes y protagonistas diferentes a los que estábamos acostumbrados a ver en la gran pantalla. La nueva película del universo Marvel nos presenta a un nuevo antihéroe indígena mesoamericano como co-protagonista, ayudando a la visibilización y a la promoción de las culturas indígenas de América. Sin embargo, pese a la romantización de lo índigena como consecuencia de este largometraje, estos pueblos siguen sufriendo grandes discriminaciones e injusticias, llegando casi a la extinción en muchos casos.
La inclusión como tesis principal en “Wakanda Forever”
La representación de un superhéroe negro como Black Planther, pesudónimo del rey T’Challa de Wakanda, supuso un gran impacto para los fans de Marvel, habituados al estereotipo de varones blancos como protagonistas de este tipo de historias. Un superhéroe negro, africano, de un reino ficticio como Wakanda, una nación que se nos presentaba como igualitaria y futurista, donde las mujeres también ejercían un papel fundamental y empoderante.
En esta nueva entrega, nos encontramos al reino de Wakanda en un período de crisis tras la muerte del rey T’Challa y, por ende, de su protector Black Panther. Es aquí cuando su hermana, la princesa Shuri, y su madre, la reina Ramonda, deberán afrontar el fallecimiento del monarca y liderar su pequeño reino. Sin embargo, la búsqueda de un recurso natural wakandiano de gran valor llamado “vibranium”, por parte del resto de países del mundo, hará que entre a escena una nueva civilización desconocida hasta entonces: el reino de Talocan.
El pueblo de Talocan ha aportado otra novedad y es que, no solo se narran historias de héroes africanos, sino que también contaremos con personajes provenientes de las culturas indígenas mesoamericanas. Junto al pequeño y ficticio Wakanda, la cultura indígena proveniente de los aztecas y los mayas ha sido representada en una superproducción de Hollywood a través del antihéroe Namor y los habitantes de su nuevo reino.
El indigenismo a través de Marvel
Si bien es cierto que en los últimos años Marvel ha optado por mostrar en sus películas héroes provenientes de civilizaciones no occidentales, como en el caso de “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” donde el protagonista es chino, hasta ahora no contábamos con una representación de las culturas mesoamericanas dentro de este universo.
La figura de Namor aparece como el rey de un pueblo inspirado en las civilizaciones mayas y aztecas de la Península del Yucatán, retratando a una parte importante de la población mexicana originaria de esta zona geográfica. Para ello, Ryan Coogler, el director de la película, y su equipo optaron por crear un nuevo pueblo que combinase aspectos relevantes de estas dos culturas, reemplazando al pueblo de Atlantis y al Namor provenientes de los cómics para poder adaptarlos a esta nueva realidad.
En consecuencia, con la ayuda de historiadores expertos en la materia, el equipo de producción tomó algunos de los aspectos más destacables de los mayas, como la lengua y la mitología. Decidieron que los habitantes de Talocan hablarían en la lengua maya e instruyeron a los actores mexicanos Tenoch Huerta y Mabel Cadena (Namor y Namora en la película) para que sus diálogos estuvieran perfectamente realizados en este idioma. Además, este pueblo se referiría a Namor con el nombre de “Ku’Ku’Ikán” haciendo alusión a uno de los dioses mayas más importantes, convirtiendo a nuestro protagonista en el “dios serpiente emplumado”, que sería la traducción al castellano. Por otro lado, también podemos encontrar una gran similitud con el dios azteca “Tláloc”, el dios mexica del agua y de los truenos y del que deriva el nombre de Tlalocan que hace referencia al paraíso del que provenía y dará nombre a Talocan, el reino de Namor.
Junto a estas dos civilizaciones mexicas, otro gran tema que ha abordado el director sería la colonización y la explotación de los pueblos prehispánicos. Namor cuenta cómo su madre pertenecía a una tribu indígena del Yucatán que fue colonizada y se estaba extinguiendo por las enfermedades de los conquistadores y la explotación. Buscando la salvación para su gente, uno de los miembros de la tribu rezó al dios del agua y las tormentas y este le guió hacia una planta que yacía en el fondo de una cueva. Toda la tribu ingirió la hierba y se convirtieron en una nueva especie de humanos acuáticos que encontraron la salvación de su identidad huyendo al océano y estableciéndose allí.
De esta manera, Namor nació con alas en los tobillos, capacidad para respirar bajo el agua y las orejas puntiagudas, mezclando elementos de los dioses aztecas y mayas con el personaje original del cómic. Así, se convirtió en el rey de su pueblo, al que quería ocultar de las civilizaciones exteriores por miedo a una nueva colonización y a la pérdida de su identidad.
Desromantizando la ficción: ¿cuál es la verdadera situación indígena en México?
Aunque la situación presentada en Wakanda Forever es ficticia cabe destacar que los pueblos indígenas se han enfrentado y siguen enfrentándose a una serie de amenazas reales muy graves. La película deja entrever las consecuencias que ocasionó la llegada de personas extranjeras a América Latina para los pueblos originarios de este territorio. Entender cuáles fueron las razones para que institucionalmente se considerara necesaria la segregación y expulsión de las personas indígenas nos ayuda a comprender el nivel de discriminación actual.
Los orígenes de la represión y persecución de los indígenas en México surgieron como consecuencia principal del legado colonial de este país. La búsqueda de un Estado-nación homogéneo económico, social y culturalmente por parte de la oligarquía poscolonial provocó la creación de programas y políticas de integración social para eliminar las diferencias étnicas y raciales. El resultado de esta transformación generó un proceso de segregación de estos grupos a partir de una falsa visión de igualdad para incorporar a los pueblos indígenas en los proyectos de identidad nacional.
Uno de los periodos que mejor refleja esta transición es el correspondiente al mandato del dictador liberal Porfirio Díaz (1876-1911) caracterizado por la implementación de reformas liberales como consecuencia de la unificación y expansión del capitalismo. En ese momento gran parte de los territorios pertenecían a los pueblos indígenas, sin embargo, para permitir la acumulación de capital, se les arrebató el 90% de sus tierras. Tras esto, los pueblos originarios no tuvieron otra opción que asimilarse a las sociedades mestizas. Desde 1930 el indigenismo institucionalizado en México se ha centrado en la “integración” indígena a la “sociedad mexicana” a través de un proceso de aculturación para fortalecer el nacionalismo mexicano. Si bien es cierto que muchas de las lenguas y prácticas culturales se han perdido como resultado de esta asimilación, desde la década de 1970 México ha visto un fuerte resurgimiento de las luchas indígenas por la autonomía sobre su tierra y la reproducción de su cultura, especialmente a partir de la década de 1990.
No obstante, otra de las pérdidas más importantes de los pueblos indígenas, reside en sus territorios. En las luchas campesinas indígenas las demandas materiales (la tierra) y las identitarias (la cultura) son inseparables. Consecuentemente, para estos pueblos su conexión con la tierra no se reduce únicamente a factores económicos de producción. Al verse subordinados durante siglos con grupos, gobernantes y clases medias, han visto cómo gran parte de su territorio ha sido ocupado y despojado de sus manos perdiendo no solo su sustento principal, sino también una de las partes más importantes de su cultura.
Como consecuencia de esta situación, a día de hoy la región indígena de Centroamérica presenta también unas formas de vida muy impactantes: los pueblos indígenas casi no tienen acceso a las tierras (ya que los títulos de éstas pertenecen actualmente al Estado); presentan unas tasas de mortalidad extremadamente altas en comparación con la media nacional; y, por último, gran parte de la exclusión y discriminación está propiciada por la falta de conocimiento de los derechos y leyes que los amparan y defienden.
En México, Guatemala, Perú y Chile, las personas indígenas están segregadas en ciertos trabajos y sectores, como el comercio (a menudo informal), el trabajo por cuenta propia y el empleo doméstico (especialmente las mujeres). Los principales problemas que afrontan los trabajadores indígenas para integrarse al mercado laboral urbano son factores estructurales, como su nivel educativo relativamente bajo y poca o ninguna preparación para adecuarse a las demandas productivas del sistema. El salario recibido de las personas indígenas se da en condiciones precarias e informales. La discriminación étnica es uno de los principales motivos de las desigualdades entre los pueblos originarios en el acceso al sistema de salud, resultando en una posición de precariedad sanitaria y subalimentación.
"La marginación a la que han sido sometidos durante su historia no ha desaparecido, presentando altas tasas de pobreza, falta de acceso real a servicios básicos como sanidad y educación, y asistencia legal"
Pese a la gran cantidad de problemas que posee este colectivo, los pueblos indígenas se encuentran cada vez más presentes en las constituciones e instituciones de los diferentes Estados. Sin embargo, este proceso ha sido complicado e inconcluso, convirtiéndose en un debate de ardiente actualidad. Jurídicamente, los dos textos de mayor relevancia que han fomentado el reconocimiento de los derechos indígenas son: el Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales de 1989 de la OIT (el primero de la historia que reconoce sus derechos como colectivo) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007 (donde presentan su derecho a la libre determinación).
Respecto al reconocimiento de sus derechos en las legislaciones internas de cada estado, la situación varía en función del país y la cantidad de derechos que se reconocen. En México, el país se reconoce como una nación pluricultural e indivisible, en el artículo 2 señala la conciencia de la identidad indígena, el derecho a su libre determinación y autonomía, así como la elección de sus propias normas jurídicas y de gobierno interno. Además, el artículo establece que las autoridades tienen la obligación de impulsar el desarrollo social, educativo, sanitario e igualitario.
A pesar del reconocimiento de estos pueblos indígenas no debemos olvidar que las constituciones de muchos países de la zona y las leyes que los protegen siguen perpetuando la marginación a la que han sido sometidos durante su historia, presentando altas tasas de pobreza, una falta de acceso real a servicios básicos como sanidad y educación, y escasa asistencia legal, entre otras.
En definitiva, la representación de la cultura indígena en una película con tanto alcance como Wakanda Forever, si bien es cierto que puede ayudar a la identificación de personas excluidas del imaginario social, no podemos olvidar que es una creación realizada por la maquinaria capitalista que, desde un principio les desterró de sus recursos de subsistencia. La romantización de estos pueblos no representa más que una idealización de situaciones ficticias que distan del verdadero estado de represión que sufre este grupo.
Pese a que la representación es necesaria y positiva para luchar contra la exclusión social y el racismo, la situación real de población indígena en Mesoamérica no es tan idílica. Estos pueblos siguen siendo obligados a desplazarse de sus territorios, rechazar su cultura e idioma y acceder a trabajos precarizados para amoldarse al tejido productivo del capital.
Sin duda, debemos analizar esta película como un gran paso para la imagen del mundo indígena debido a su falta de espacios dentro del mundo occidental. Sin embargo, el compromiso hacia estos pueblos va más allá de este retrato, su lucha por su supervivencia y su reconocimiento es una responsabilidad de los Estados y de la comunidad internacional, haciéndonos partícipes a todxs de su vulnerabilidad social y política y, desde luego, no va a conseguirse sólo con un largometraje.



