
Raquel Murillo Hernando
Yolanda Trullos Perez de Arrilucea, politóloga especializada en política internacional
Desde que los talibanes tomaron Kabul el 15 de agosto del pasado año, logrando así el retorno al poder en el país, la cobertura mediática internacional sobre este acontecimiento y sus consecuencias posteriores ha ido disminuyendo progresivamente. Acontecimientos más actuales como la guerra de Ucrania o la revolución iraní han relegado a los y las afganas a un segundo plano. La posibilidad de un régimen talibán más “moderado” para lograr el reconocimiento de la comunidad internacional, tal y como se planteaba al principio, no puede estar más lejos de la realidad ya que la represión en el país, sobre todo aquella dirigida a las mujeres, no ha hecho más que acentuarse.
¿Por qué Afganistán ya no interesa?
Aunque bien es cierto que los medios de comunicación siguen esporádicamente relatando los acontecimientos del país y las catastróficas consecuencias del nuevo régimen (sobre todo los medios escritos y no tanto los visuales como la televisión), es evidente que la cobertura mediática es significativamente menor. Por otro lado, el interés hacia el país de la gente de a pie ha disminuido drásticamente. Tal y como se puede observar en “Google Trends”, herramienta que muestra las solicitudes de búsquedas realizadas en Google en un espacio al tiempo específico, el interés hacia el país alcanzó su popularidad máxima (con una puntuación de 100 sobre 100) del 15 al 21 de agosto de 2021, fechas en las cuales el grupo terrorista talibán tomó Kabul. Desde estas fechas hasta el día de hoy, el interés ha disminuido de manera drástica, y hoy en día la puntuación es de 1 sobre 100, es decir: la popularidad a nivel mundial actualmente es mínima.
¿Por qué sucede todo esto? El periodista Felipe Sahagún en su libro “De Gutenberg a Internet: La sociedad internacional de la información ” crítica que la política exterior se cubre de forma ligera, esporádica y distorsionada por muchas razones entre otras por lo caro que es o por la escasez de profesionales preparados para ello. Además de ello, a la sociedad le interesa lo actual lo rápido, lo más novedoso, perdiendo interés en aquello que no lo es tanto. Es por todo esto que Afganistán hoy en día no interesa como hace dos años. Sin embargo, la envergadura de los acontecimientos y de la vulneración de DDHH que se está dando en el país, sobre todo contra las mujeres y las niñas, es una realidad que debe ser visibilizada.
¿Qué está sucediendo actualmente con los derechos de las mujeres y niñas en Afganistán?
La sociedad afgana está siendo víctima de un gran número de injusticias. Además de ello, las medidas misóginas llevadas a cabo por el régimen talibán está atentando de manera directa contra los derechos de las mujeres y las niñas.
Con motivo del aniversario de la toma de Kabul, en agosto del pasado año Alison Davidian, representante interina de ONU Mujeres en el país, llevó a cabo una conferencia de prensa en la cual analizó la situación actual de las mujeres y niñas afganas. En la misma subrayó que pese a que en un principio los talibanes declararon que las mujeres podrían seguir ejerciendo sus derechos bajo los principios de la sharía (sistema legal islámico), nada ha estado más lejos de la realidad ya que las mujeres están actualmente totalmente excluidas de la vida pública del país.
Pese a que la sharía permite el derecho a estudiar y a trabajar, desde que diera comienzo el régimen talibán las niñas tienen prohibido ir a la escuela secundaria, convirtiéndose así en el único país del globo donde se da esta prohibición. Esta decisión, declaraba Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF en marzo del pasado año, “anula el derecho de toda una generación de niñas adolescentes a una educación y les arrebata la oportunidad de adquirir las competencias necesarias para labrarse un futuro”. Además de la prohibición para acceder a la educación secundaria, hace poco más de un mes, el 20 de diciembre, el régimen talibán decidió privar a las mujeres de su derecho a acceder a estudios universitarios. Por ende, toda niña mayor de 12 años queda excluida de su derecho a la educación.
A las mujeres, subraya Davidian, a excepción de ciertos sectores, se les ha restringido su derecho a trabajar en lugares externos a sus hogares. Para hacer frente a esta situación se han llevado a cabo algunas manifestaciones convocadas por diferentes mujeres. El 31 de octubre del pasado año, tal y como informaba Europa Press, varias mujeres realizaron una manifestación convocada por el “Movimiento de Poderosas de Afganistán” en Kabul para que la comunidad internacional y Naciones Unidas escuchase a las mujeres afganas y “las salvaran de estas violaciones de sus derechos”. La manifestación fue duramente reprimida mediante violencia, humillación e intimidación. Dada la represión llevada a cabo por las fuerzas policiales del país contra las manifestantes, algunas mujeres han empezado a llevar a cabo diferentes actos de desobediencia civil como murales y pintadas para exigir un retorno de sus derechos. Además de ello, tras la decisión del pasado 24 de diciembre en la cual se dictó la prohibición de las mujeres a trabajar para las ONGS por un supuesto incumplimiento del código de vestimenta islámico, tres ONGs (“Save the Children”, el “Consejo Noruego para los Refugiados” y “Care Internacional”) suspendieron sus servicios en el país para protestar contra esta injusta, discriminatoria y misógina decisión.
Respecto a la esfera política del país, subraya Davidian, la representación femenina es nula ya que no existen mujeres en el gabinete. El régimen talibán hizo desaparecer el Ministerio de Asuntos de la Mujer y lo sustituyó por el Ministerio de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, ministerio que exige a las mujeres, entre otras cosas, que no salgan de casa, tal y como subraya la periodista especialista en Oriente Próximo Ángeles Espinosa. ¿Por qué es tan importante la representación de las mujeres en toda entidad política? Por el simple hecho de que incluir a las mujeres en la esfera política, además de ser un ejemplo de democracia, igualdad y buena gobernanza, supone, tal y como subraya el Secretario General de Naciones Unidas, una mayor probabilidad de lograr una paz más duradera. Fawzia Koofi, ex-miembra del Parlamento de Afganistán durante 15 años y negociadora durante los procesos de paz en el país, subraya que las mujeres deben ser parte de toda conversación relevante a su país así como sus opiniones valoradas, ya que estas aportan “perspectivas diversas” y “enriquecen los debates”.
Por si esto fuera poco, el régimen misógino talibán ha prohibido a las mujeres acceder a espacios públicos como jardines, parques o gimnasios en Kabul además de obligarlas a cubrirse la cara y el cuerpo en público mediante el hiyab o el burka. Estas medidas se llevarían a cabo, según el Ministerio de la Virtud y Prevención del Vicio, para evitar el cruce de miradas con los hombres ya que según los líderes talibanes las órdenes de segregación y de vestimenta no estaban siendo respetadas. En relación a la moda y a la vestimenta, hace pocos días El País publicaba que las tiendas con maniquíes femeninos deberán a partir de ahora quitarles las cabezas o taparlas con velos o papel con el objetivo de minimizar la presencia pública de las mujeres.
Estas medidas son fruto de una concepción ultrapatriarcal, no del Islam.
Los talibanes justifican estas medidas con el Islam y la sharía. Sin embargo, tal y como subraya Rafael Bustos, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Grupo de Investigación Complutense sobre el Magreb y Oriente Medio (GICMOM), no existe justificación alguna de esta postura en el Islam. Muestra de ello es que muchos países musulmanes (entre ellos la República Islámica de Irán) han recordado a los líderes talibanes la incompatibilidad de sus medidas con el Islám.
Bustos subraya que esta visión es fruto de una concepción retrógrada y ultra patriarcal que elaboran a partir del pashtunwali (el código ético y de honor de la etnia pastún) y de una lectura distorsionada de algunos pasajes de ciertos movimientos fundamentalistas y extremistas como los Wahabíes de Arabia Saudí o los Deobandi de la India. El objetivo es claro: controlar a las mujeres para evitar la posibilidad de su ascenso y de lograr un cambio social.
Los medios son creadores de agenda pública y esto es fundamental para que la sociedad internacional actúe.
Tal y como reivindicaba Koofi en el congreso “Emakumeak” (mujeres) de Bilbao el pasado 19 de enero, el mundo tiene una responsabilidad respecto a lo que está sucediendo en Afganistán. La sociedad internacional debe escuchar los clamores y reivindicaciones de las mujeres afganas pues son los DDHH los que están en juego. Para ello, el papel de los medios de comunicación es fundamental, ya que no se debe olvidar que no son meros transmisores de información. Los medios de comunicación son creadores de agenda ya que además de decidir qué fenómenos divulgar y qué aspectos subrayar, tienen el poder de sensibilizar a los poderes políticos sobre la existencia de cuestiones específicas y por ende ejercer presión para tomar medidas al respecto.


