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Mahsa Amini como símbolo de unión y ruptura en Irán

"Jin, Jiyan, Azadi!": las mujeres de Teherán expresan en kurdo su apoyo hacia las ciudadanas del Kurdistán Iraní y se suman a las protestas contra el régimen

Mahsa Amini
Raquel Murillo Hernando
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Raquel Murillo Hernando, internacionalista especializada en cooperación y en política internacional

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Nerea Rocha Ballesteros, periodista especializada en política internacional

 La muerte de Mahsa Amini el pasado mes de septiembre, tras su detención por llevar el velo de forma inadecuada, ha propiciado el estallido de una de las protestas más significativas de los últimos años. La joven kurda se ha convertido en el nexo entre las mujeres iraníes y las del Kurdistán, un símbolo de una revolución llevada a cabo por mujeres que se presenta como una amenaza al régimen y el inicio de un proceso de ruptura con el sistema ideológico y político liderado por la minoría kurda.

 

    El Hyjab como herramienta política

 

La victoria de la Revolución Islámica en 1979 supuso la pérdida de muchos derechos para las mujeres iraníes. Uno de los aspectos más característicos y conflictivos fue la obligación de cubrirse el cuerpo con velo y “vestimenta modesta” una vez cumplían los nueve años, así como castigos y humillaciones por incumplir este código de vestimenta. Durante décadas, algunos de los pequeños símbolos de protesta de las mujeres iraníes en contra de esta ley han sido el uso de maquillaje, esmaltes de uñas o el uso de joyería, gestos sutiles que manifestaban el deseo de las mujeres iraníes de poder expresarse libremente.

 

Si bien es cierto que antes de la revolución no existía un código estricto de vestimenta que obligase a utilizar el hyjab o ropa específica, las mujeres tampoco se encontraban ante una situación de libertad absoluta. El velo se abolió en el año 1936 durante la era del Shah Mohammad Reza I, resultando ser un acto de victoria e infortunio para las mujeres, ya que les despojaron el derecho a elegir sobre usar o no esta prenda, sufriendo discriminaciones y acoso si finalmente se lo ponían.

 

Una de las zonas que más resistencia ha mostrado a la normativa de vestimenta es la del Kurdistán Iraní, en las que las mujeres utilizan prendas coloridas de manera tradicional, presentándose como la antítesis a los tonos oscuros que establece el código oficial. Del mismo modo, se han opuesto en numerosas ocasiones al uso del hyjab de forma obligatoria, especialmente durante las celebraciones tradicionales kurdas. Más allá de la barrera de la indumentaria, las mujeres del Kurdistán se enfrentan a otros retos en relación con los prejuicios y discriminaciones hacia su cultura e identidad. Uno de los obstáculos principales se encuentra en la prohibición del uso del idioma kurdo en la enseñanza, por este motivo la región consta de un alto nivel de analfabetismo, que favorece el distanciamiento cultural y la falta de oportunidades para acceder a formación superior o puestos laborales.

 

Por todos estos motivos, no es de extrañar que las protestas hayan surgido por las nuevas generaciones de mujeres, más conscientes de la discriminación que han sufrido sus antepasados como consecuencia de la violencia estatal. Nos encontramos ante una generación que no acepta los valores posteriores a la Revolución Islámica, jóvenes mujeres de todas las clases que se enfrentan al mismo muro discriminatorio, cuya señal de protesta ante la falta de derechos de las mujeres en Irán es quitarse el pañuelo o cortarse el pelo, exigiendo al Estado poder gozar de derechos fundamentales y libertad para elegir.  

 

Este movimiento iniciado en provincias kurdas ha recibido el apoyo de la sociedad iraní, comenzando una revolución que no pide reformas, sino un cambio radical en el sistema y rechaza también la idea de un nuevo Shah. Sin embargo, la posibilidad de que el régimen no caiga es aún muy grande. En este sentido, resulta relevante destacar que una de las consecuencias de esta doble marginalización, y de las graves represiones como respuesta a las protestas, es la huída de las kurdas iraníes hacia Irak para unirse a grupos de oposición en contra del gobierno iraní.

 

    El inicio del fin del régimen ya ha comenzado

 

Ahora mismo no puede predecirse si este proceso tardará meses o años, ya que debemos recordar que, tanto en 2009 como en 2019,  hubo protestas masivas en Irán fruto del descontento de la población, pero no consiguieron derribar el régimen. 

 

Sin embargo, la internacionalista y politóloga Alba, nombre ficticio que utilizaremos para salvaguardar su seguridad a partir de este punto, indica que esta avalancha de protestas tiene particularidades inéditas. Alba nos cuenta que, esta vez, “se ha podido ver una población sustancialmente más unida que ha contado con la movilización de las minorías, algo que anteriormente no se ha podido ver en estas dimensiones”. La movilización kurda, y del resto de minorías, es imprescindible para “poder dinamitar este sistema”, según la internacionalista y politóloga de descendencia iraní. Además, nuestra fuente considera que la participación de las minorías revela que la población de Irán “es capaz de unirse dejando atrás las diferencias para lograr un objetivo común: la libertad”.

 

    El pueblo kurdo: una nación sin Estado imprescindible para entender qué está pasando en Irán

 

El pueblo kurdo es una de las grandes minorías sin Estado reconocido, una nación que cuenta aproximadamente con más de 25 millones de personas dispersas en la denominada región del “Kurdistán” que se ubica en Oriente Medio, abarcando territorios de Turquía, Armenia, Irak, Irán y Siria. Se trata de un pueblo que sufre un conflicto sobre su autonomía e independencia cuyas consecuencias traspasan fronteras y afectan a las relaciones de los países involucrados con el resto del mundo. El conflicto en la región del Kurdistán se remonta a los años posteriores a la disolución del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Las potencias aliadas prometieron al pueblo kurdo la creación de un Estado propio a cambio de su ayuda bélica en el conflicto. En consecuencia, tras la derrota de los otomanos, se negociaron las condiciones para la creación del Kurdistán mediante el Tratado de Sèvres en 1920. Sin embargo, este tratado nunca fue ratificado y fue sustituido por el Tratado de Lausana en 1923, dejando al pueblo kurdo dividido entre los Estados mencionados anteriormente, esperando una promesa que nunca se cumplió.


Como consecuencia de esa división, una de las principales características de los kurdos es su heterogeneidad, fomentada especialmente por las dinámicas tribales y las pretensiones nacionales de los diferentes territorios que abarcan. De esta manera, no toda la población kurda aspira a los mismos objetivos ni se encuentran bajo las mismas circunstancias o dinámicas estatales. Mientras que el Kurdistán Iraquí puede presumir de ser reconocido como un organismo autónomo por el Gobierno de Irak, el Gobierno de Turquía ha tratado de suprimir la ambición independentista del pueblo kurdo. Del mismo modo, su condición de nación sin Estado no sólo ha afectado a su autonomía como pueblo, sino que ha hecho que se apliquen leyes y costumbres propias de los países en los que se encuentran, aumentando así sus diferencias. Por otro lado, la población kurda iraní se encuentra distribuida a lo largo de la frontera occidental con Irán. Se trata de un área geográfica y cultural con gran riqueza de recursos naturales, aunque esta zona se caracteriza por la falta de inversión económica y de desarrollo social, consecuencia de la persecución, discriminación y marginalización del pueblo kurdo por parte del gobierno iraní.

 

En la historia moderna de Irán se pueden reconocer al menos tres momentos importantes para entender la situación kurda actual: el momento del tribalismo de la causa kurda; el del separatismo territorial; y el más reciente que potencia la estigmatización contra los activistas kurdos por medio de una estrategia de “criminalización” y “securitización”.

Infografía de los acontecimientos clave para entender la Historia Kurda

 Con lo anterior, se puede entender que la discriminación al Kurdistán iraní tuvo más que ver con las diferencias ideológicas entre las agrupaciones políticas kurdas e iraníes que con la lengua y etnia kurda. Esto se debe a que el proyecto político del Kurdistán suponía una amenaza para el proyecto nacionalista del Shah y al hecho de que las agrupaciones políticas kurdas diferían sustancialmente de las ideas del proyecto político Pahleví, llamado así por el apellido de la última dinastía iraní. Además de las diferencias ideológicas, en el siglo XX Irán tuvo la necesidad de identificar la “otredad” para definir al propio estado de Irán, que empezaba a configurarse como Estado Nación.

    Las mujeres kurdas del YPJ: ¿propaganda o realidad?

El papel de la mujer en el Kurdistán es muy diferente dependiendo del país que se analice, pero es importante destacar que las kurdas de las Unidades Femeninas de Protección (YPJ por sus siglas en kurdo) tienen dos frentes de lucha, el primero contra el Estado Islámico y por la autodeterminación e independencia del Kurdistán y contra los genocidios y limpiezas étnicas que sufre el pueblo kurdo. El segundo es contra el machismo que las rodea, porque además de la represión por su etnia, las mujeres han sufrido su propio genocidio por cuestión de género, causados principalmente por los matrimonios forzosos, las violaciones, así como una gran discriminación social. Todo este machismo ha producido una situación anormal de tasas de suicidios en las distintas regiones kurdas, especialmente porque las mujeres suelen mostrar tasas mucho más bajas

Respecto a las YPJ, pese a que los medios de comunicación han ayudado a visibilizar el papel de las mujeres en las unidades de autodefensa, el periodista Karlos Zurutuza, uno de los pocos reporteros que cubre la región del Kurdistán, considera que “las mujeres kurdas llevaban más de 30 años en las montañas cuando el mundo descubrió que existían”. Zurutuza nos explica que los medios pusieron el foco en Rojava, donde reside el pueblo kurdo de Siria, por dos razones: la primera fue que en 2014, ante la dificultad de reportar desde Alepo u otras zonas controladas por los islamistas, muchos periodistas vieron en Rojava una oportunidad de filmar desde Siria sin asumir riesgos. 

 

La segunda, es la lucha contra el Estado Islámico (EI): el reportero especializado en Kurdistán fue el primero en entrar en Rojava tras su liberación en 2012 y afirma que muy pocos “apostaron por contar historias sobre la reconstrucción de la sociedad civil kurda, las escuelas en lengua kurda, o los centros para mujeres”. La prensa solo hablaba del Estado Islámico y del frente de mujeres que luchaba contra ellos, pero "se olvidaron de hablar del único movimiento democrático en el conjunto de Oriente Medio", según Zurutuza. Tras la derrota del EI, “el foco se desplazó de Rojava para no volver”. Es evidente que los medios de comunicación han vendido a las mujeres kurdas como “amazonas”, hipersexualizándolas y se han alejado de la narrativa que necesitaba ser contada: la del proyecto político del Kurdistán sirio.

 

    ¿Es posible ser de izquierdas, antiimperialista y anticolonial y pactar con Estados Unidos e Israel?

 

La unión con EEUU como supervivencia política implica una paradoja que también está presente en otros movimientos kurdos a lo largo del Medio Oriente. Pese a que el PJAK (Partido por una Vida Libre en Kurdistán según sus siglas en kurdo) desafía el discurso del Estado moderno en Irán, y es un partido de izquierdas, guerrillero, antiimperialista y anticolonial, debe su supervivencia política y militar al acercamiento y cooperación con actores como Estados Unidos e Israel, quienes han provocado graves consecuencias humanitarias en sociedades árabes y no árabes de la región. Esto supone una paradoja, pero debe entenderse en el juego geopolítico regional, en el cual los movimientos no estatales (como el kurdo) tienen que interactuar con otros actores estatales (Estados Unidos o Israel) con el fin de garantizar su supervivencia política, tal y como indica el especialista en Oriente Medio Moisés Garduño García. Por otro lado, tampoco criminaliza la causa kurda, pero representa una incongruencia y ayuda a entender que en estas organizaciones existe un constante debate para reformular sus luchas según el contexto político y geopolítico en el que se desarrollan. También es cierto que los intereses y realidades del Kurdistan iraquí, sirio, turco e iraní difieren entre los distintos países: la población kurda de Iraq, aliada de EEUU desde la Guerra del Golfo y con una orientación más capitalista, tiene intereses muy diferentes a la población kurda de Rojava, en Siria. A pesar de esta alianza, los principales líderes y políticos estadounidenses no han condenado explícitamente la situación de discriminación que ha originado las reivindicaciones de las mujeres por el asesinato de Mahsa Amini. Tampoco hay grandes declaraciones sobre las protestas a pesar del fuerte apoyo que les está mostrando la sociedad (especialmente las mujeres) del resto del mundo.

Las protestas y el inicio de una revolución de mujeres en Irán han resultado ser de vital importancia para el reconocimiento y visibilidad de su lucha, especialmente la doble lucha de las mujeres kurdas. Estas movilizaciones no solo ofrecen visibilidad internacional sobre la discriminación llevada a cabo por el régimen iraní, sino que también hacen reflexionar a la sociedad internacional sobre esta situación. Asimismo, una de las consecuencias de que las protestas se hayan desarrollado gracias a las mujeres de las nuevas generaciones es que, a pesar de que no podemos indagar en cómo están siendo los acontecimientos al cien por cien (debido a la falta de acceso a comunicaciones y la desconexión en la que se encuentran los ciudadanos por culpa del régimen) estas jóvenes intentan publicar y comunicar al mundo qué está pasando a través de fotos, vídeos y testimonios reales. La muerte de Mahsa Amini no solo ha vuelto a poner encima de la mesa la ausencia de libertades que sufren las mujeres iraníes, sino también aspectos de tanta relevancia como la
doble discriminación de las mujeres iraníes, kurdas y árabes
, entre otras. Por este motivo,  es una revolución en la que las protagonistas son aquellas que se consideran más perjudicadas por las restricciones del Estado.

 

Al grito de Jin, Jiyan, Azadi! (mujer, vida, libertad! en la lengua kurda) estas minorías étnicas, demográficas y religiosas se están uniendo ante una causa mayor y están encontrando apoyo entre sí frente a una discriminación común. Esta revolución nos muestra que no se trata del hyjab ni de la vestimenta, el principal miedo del régimen se encuentra en la amenaza que puede suponer esta unión de mujeres kurdas e iraníes y de todas las minorías que han manifestado su apoyo a la causa.

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